Rasgos históricos de la Antropología forense

Estándar

Esta subdisciplina antropológica tiene su inicios hace más de un siglo, al rededor del S. XIX, como muchas otras ciencias, sólo que esta se formuló a partir de la identificación de restos humanos esqueletizados y en donde se tienen los primeros aportes es en Francia, con el trabajo de Alphonse Bertillon y su antropometría, con la cual documentaba las proporciones de un delincuente desde el punto criminológico y antropológico, sin embargo es Paul Broca quien, gracias a sus estudios osteológicos, realizó aportes significativos en el análisis del esqueleto humano dentro de la antropología física y la patología forense.  La creación de la Société d’anthropologie du Paris por el Profesor Paul Broca, tuvo gran impacto tanto en Francia como en España, así mismo las publicaciones como el Précis de Médicine Légale en el año de 1896 (en Baccino, 2009, pp.50) como de la torsión del hueso y la morfología del cerebro por Broca en 1875, así como de Manouvrier (1982) acerca de la edad microscópica de hueso adulto, son de los principales aportes al desarrollo de la Antropología física.

En España la influencia de Paul Broca es innegable, así mismo el desarrollo de la moderna Medicina Legal, que estuvo influenciada por la antropología, es uno de los dos factores que impulsaron la creación de esta disciplina forense en la mitad del S. XIX, con la presencia del Dr. Pedro González Velasco y la creación en 1865 de la Sociedad Española de Antropología (Prieto, 2009, pp. 56) a partir de la que se suscitaron más eventos relacionados, como el Museo Antropológico de Madrid (1875) y la revista de Antropología Moderna (1883). El Dr. Federico Olóriz Aguilera fue pieza importante el el desarrollo de la disciplina y de igual modo lo fueron Telésforo de Aranzadí y Luís de Hoyos Sáinz en el trabajo del análisis de la relación entre el físico y la conducta criminal (Antropología Criminal), el establecimiento de la identidad de delincuentes vivos para la policía y el establecimiento de la identidad de cadáveres (Ib id.).

Otro personaje importante es Cesare Lombroso, Criminólogos italiano que desarrolló la idea del criminal nato, asumiendo que la conducta criminal era resultado de un atavismo del hombre salvaje, presente en los hombres de su tiempo y que además no podía deshacerse (Lombroso, 1897). No obstante ahora sabemos que eso no es así y que sus postulados no son confiables.

En el Reino Unido la antropología forense tiene su presencia desde 1935 con le caso del asesinato de la esposa del Dr. Buck Ruxton (Glasiter y Brash, 1937, En Cox, 2009, pp.31), mientras que en Estados Unidos de América su aparición surge con el caso del asesinato del Dr. Parkman en 1849, con la intervención del profesor Jeffries Wyman en antropología física, pero es Thomas Dwight a quien T. D. Stewart considera como el padre de la antropología forense, Dwight elaboró un ensayo  en 1878 bajo el nombre de “The identification of human skeleton. A Medico-Legal study”. En E.U.A. convergieron varios especialistas como George A. Dorsey (1868-1931), H. H. Wilder (1864-1928), Paul Stevenson (1890-1971), Earnest Hooton (1887-1954), Ales Hardlcka (1869-1943) quienes se destacaron por sus estudios en Harvard, en el Smith College in Massachusetts y el Smtihsonian Institute en Washington. Así mismo en la creación de la revista American Journal of Physical Anthropology en 1918 y la American Asociation of Physical Anthropology (Ubelaker, 2009). Por su parte T.D. Stewart continuó con los trabajos en lugar de Hardlcka y publicó su obra titulada Essentials of Forensic Anthropology (1979).  Douglas Ubelaker es uno de los herederos de esa tradición, entre otros como William M. Bass, quien fue fundador de la primer Unidad de Investigación Antropológica donde se investigan los procesos de putrefacción de varios cadáveres donados y que actualmente forma una colección ósea muy importante para el estudio tafonómico forense y de la antropología forense.

El trabajo de la antropología forense también se ha concentrado en la recuperación de individuos en fosas masivas, como resultado de la búsqueda de identificación de soldados caídos, tanto de las Guerras Mundiales como de otros eventos Bélicos en diferentes países como España, Francia,  Argentina, Guatemala, Chile, Perú, Colombia entre otros. El caso de Sudamérica es particular ya que es en estos países es donde se gesta su intervención en torno a la Violencia Política  que se ejercía del Estado a la población civil, proceso por el cual se fundaron organizaciones sin fines de lucro como el EPAF (Equipo Peruano de Antropología Forense), la FAGF (Fundación de Antropología Forense de Guatemala), el EQUITAS (Equipo Colombiano Interdisciplinario de Trabajo Forense y Asistencia Psicosocial), el EAAF (Equipo Argentino de Antropología Forense) entre los cuales el Sr. Eric Stover y el Dr. Clyde Snow, antropólogo norteamericano, fueron en buena medida colaboradores para la creación de estas organizaciones no gubernamentales (Fondebrider, 2009) con la participación de antropólogos y arqueólogos como Luís Fondebrider (EAAF), José Pablo Baraybar (EPAF),  José Suasnavar (FAFG) entre otros más y quienes participaron en diversos casos de índole internacional como Testigos Expertos en los Balcanes, Bosnia, la antigua Yugoslavia, Turquía, Irak, Angola, Croacia, así mismo se desempeñan como consultores expertos forenses en casos actuales como en Somalilandia desde el 2012.

En otros países como Canadá, Australia, Indonesia, Italia, India, Sudáfrica entro otros muchos más, la antropología forense y la arqueología forense ya tiene un terreno dentro de las ciencias forenses en apoyo de las instituciones de justicia y de los Derechos Humanos (DDHH) y del Derecho Internacional Humanitario (DIH).

A diferencia de esos contextos de Lesa Humanidad, en México la antropología forense se ha establecido como una ciencia forense con mayor presencia desde por lo menos 15 años. No obstante no siempre fue así, desde los primeros trabajos craneológicos de Francisco Martínez Baca y Manuel Vergara-Lope (1892) bajo la perspectiva del bertilonaje, antecedieron una serie de trabajos de investigación desde la antropología criminal de diferentes colecciones de cráneos de reos como la del Museo Nacional (Romero, 1939) entre otros trabajos de Marino Flores (1945), Felipe Montemayor (1945) Marino Flores y Carlos Serrano (1964) y de Estrada López, Sergio López y Zaid Lagunas (1982), pero no es si no hasta el año del 1971 cuando el jurista  Javier Piña y Palacio junto con el Dr. Moreno González realizaron el primer peritaje en torno a la identificación de restos óseos. El Dr. Vargas Guadarrama, en colaboración con el Dr. Alba Rodríguez realizaron un artículo en 1973 acerca de “Métodos de superposición radiológica craneal con fines de investigación identificativa”  y a partir de esas fechas el Dr. Arturo Romano, antropólogo físico mexicano destacado, fue consultor de diversos casos para la Procuraduría General de Justicia del Distrito Federal en México, que entre otros colaboradores como Vargas Guadarrama, José Antonio Pompa, el anatomista López Antúnez y el Médico Fernández Pérez realizaron investigaciones en torno a la identificación de los restos óseos de algunos personajes de la historia mexicana (Serrano, 2009; Valencia y Methadzovic, 2009; Lagunas y Reyes, 2009).

En México, la antropología forense tiene presencia formal con Antropólogos Físicos laborando como Peritos en el Distrito Federal con Jesús Luy Quijada a quien se le considera como discípulo del Dr. Romano, también Alberto Prado y José Luís Valencia, que desde principios de los años ochenta forman parte activa de nuestra disciplina forense, mientras que desde el ámbito académico el interés comienza bajo el nombre del Proyecto CARAMEX, iniciativa de la Dra. María Villanueva, el Dr. Carlos Serrano, el A.F. Jesús Luy Quijada y el Ing. Karl Link, para la creación de un software para compilar la variabilidad de la cara del mexicano, en apoyo a la PGJDF.

Posteriormente, en la ENAH (Escuela Nacional de Antropología e Historia) el Dr. Edwin Crespo, Antropólogo Forense de Puerto Rico, impartió en 1996 un curso acerca de antropología forense, con lo cual surgen interés entre las antropólogas físicas Lorena Valencia y Liliana Escorcia y el arqueólogo Carlos Jácome, quienes elaboran las primeras tesis en antropología forense y arqueología forense, respectivamente para el año 2000, fecha desde la cual se han desarrollado una serie de eventos como la celebración por parte del Equipo de Bioarqueología de la DAF (Dirección de Antropología Física) del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) en la elaboración de diplomados en Antropología forense con la intervención del A.F. Arturo Talavera y el Arqlgo. Martín Rojas, la creación en el 2004 del Laboratorio de Antropología forense en el Instituto de Investigaciones Antropológicas de la Universidad Nacional Autónoma de México (IIA-UNAM) y de la Licenciatura en Ciencias Forenses en la UNAM, así como la inclusión de antropólogos en la PGR. Actualmente estamos distribuidos ya en varios estados en diferentes procuradurías y fiscalías como lo son Michoacán, Morelos, Estado de México, Tlaxcala, Chihuahua, Jalisco, Guerrero y Tabasco entre otros (Velázquez y Villa , 2013), en los cuales los colegas hemos recibido entrenamiento desde el 2011 por parte de expertos en la materia como José Pablo Baraybar (EPAF), José Sauasnavar y Leonel Paíz (FAGF), bajo el auspicio del Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR) con motivo del mejoramiento y estandarización de procedimientos en arqueología forense y antropología forenses.

Bibliografía

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  • Cox, Margaret. 2009. “Forensic anthropology and archaeology: Past and present – A United Kingdom perspective”, In Handbook of Forensic Anthropology and Archeology, Edited by Soren Blau y Douglas U. Ubelaker, Left Coast Press, Walnut Creek, California, USA.  pp.29-41
  • Dwight, T. 1878. The identification of the Human Skeleton: A Medico-legal study. Boston.
  • Estrada Reyes, M. G., S. López y Z. Lagunas. 1982. Cárcel de la ciudad de Querétaro. S. d. México.
  • Escorcia L. Y L. Valencia-Caballero. 2000. El uso de la tomografía computarizada para obtener datos sobre el grosor de tejido blando facial y su aplicación en la reconstrucción facial escultórica. Tesis de Licenciatura. ENAH, México.
  • Fondebrider, Luis. 2009 “The application of forensic anthropology to the investigation of cases of political violence: Perspective from South America”. In Handbook of Forensic Anthropology and Archeology, Edited by Soren Blau y Douglas U. Ubelaker, Left Coast Press, Walnut Creek, California, USA. pp.67-75
  • Glasiter, J. y J. Brash. 1937. The medicolegal aspects of the Ruxton Case. Edinburgh: Livingstone.
  • Jácome, C. 2000. Arqueología Forense. Tesis de Licenciatura. ENAH, México.
  • Lagunas, Zaid. y Ana M. Reyes V. 2009. “Apuntes para la historia de la antropología física forense en México”.Revista Criminalidad, Vol.5 No.2.
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  • Manouvrier, L  1982. “Détermination de la Tallie d’aprés les Grandes Os de Members”. Revue L’Ecole d’Anthroplogie, No.2 pp.227-233
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  • Valencia-Caballero, L. y A. Methadzovic. 2009. “La antropología forense en México”. Revista Española de Antropología Física,Vol.30 pp1-9
  • Vargas, L. A. Y M. Alba. 1973. “Métodos de superposición radiológica craneal con fines de investigación identificativa”. Revista Criminalia. Año XXXIX, núm. 9-10:353-358. México.
  • Velázquez, L y M. Villa. 2013. La importancia de la antropología forense en la identificación de personas. Estudios de caso en Chihuahua, México. 3er Seminario Internacional de Antropología Forense, IIA-UNAM.

Referencias de internet:

 

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